Una voz silenciosa
Una de mis tragedias ganadoras del año pasado, puedo decir que fue un pequeño accidente que tuve mientras hacía una manualidad. La verdad es que ahora es gracioso contarla, pero en su momento sí pasé un mal rato.
El año pasado, un día de martes pasadas de la medianoche, me encontraba haciendo una manualidad. Esto implicaba hacer unos cortes a un cartón con el cúter, y como apoyo para que el corte quedara lo más derecho posible, estaba utilizando una regla. Y aquí comienza el problema. Cuando empecé a realizar los primeros cortes, hubo una vocecita que me dijo "Lo que estás haciendo con esa regla es peligroso. Cámbiala por otra, porque una de esas se va a ir el cúter y te vas a cortar". Dando un poco de contexto respecto a la regla, esta ya se encontraba muy maltratada en la orilla de manera que podía desviarse.
Y bueno, tal vez ya imaginas el desenlace de esta historia. No quise hacer caso a esa pequeña advertencia, se me hizo fácil continuar y unos minutos después me encontraba llorando porque me había hecho una cortada en el dedo pulgar de mi mano izquierda. Desde niña siempre he sido muy miedosa para este tipo de cosas, y el haberme cortado y ver la sangre que no paraba, definitivamente entré en pánico que casi me desmayaba.
Gracias a Dios, mi tía que es enfermera y mi tío que es doctor pudieron ayudarme a la distancia. No tuve necesidad de ir al hospital. Gracias a Dios no fue un corte profundo y tampoco fue grave; sin embargo, tuve que sufrir algunas incomodidades como tomar medicamentos, traer mi dedo vendado, y no poder utilizar al 100% mi mano izquierda porque había un dedo que se encontraba adolorido y sensible.
No sabes cuán arrepentida me sentí en el momento cuando sufría del dolor y me encontraba preocupada por lo que pasaría. Yo me veía en la sala de urgencias con el doctor diciéndome que el corte había sido profundo y que ocupaba puntadas, pero Dios en su misericordia no permitió que fuera así.
Realmente pudo haber sido algo peor, pero Dios me guardó. Después del incidente de esa madrugada, cuando fui a acostarme, previamente oré, y las únicas palabras que salieron fueron "Dios, perdóname, perdóname, en serio, perdóname, y gracias por haberme guardado pese a ello". Dios habló a mi vida en más de un área de mi vida a través de esta situación. Me hizo darme cuenta de lo tercos que solemos ser la gran mayoría de las veces. Hubo una vocecita que me advirtió de lo que podía pasar, y no quise atender, y esto fue lo que pasó.
Esa vocecita sé que fue Dios hablándome. Él habló y lo ignoré. En muchas otras situaciones de la vida así, Dios nos habla, con una voz silenciosa, esperando que atendamos lo que él nos dice. Pero creemos que hacer las cosas a nuestra forma es la mejor opción, pero tarde o temprano Dios nos hace dar cuenta de que si hacemos las cosas como nosotros queremos, vamos a equivocarnos, que habrá consecuencias que probablemente van a doler, pero eso es lo que nos hará regresar de nuevo a él.
Definitivamente, Dios ha hablado a mi vida y así habla a la tuya también, solo que, en mi consejo, no esperemos a que él tenga que hablar de una manera más fuerte, sino que atendamos a esa voz silenciosa y apacible.
Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón;
Proverbios 4: 20-21
¡Hasta la próxima! 😉😊
P.D. Si necesitas alguien con quien hablar, que ore por ti o simplemente una nueva amiga, no dudes en contactarte conmigo a través de las redes sociales de A solas con Dios, yo personalmente soy quien contesta cualquier mensaje, así que siéntete con toda la confianza de escribirme. Te dejo las redes aquí abajo.
¿Ya leíste esta publicación Es hora de soltar?
Sí quieres leer más, puede que te gusten o interesen estas entradas:
Recuerda que puedes seguir la página de A solas con Dios en redes sociales como:
Facebook: https://www.facebook.com/SamMASCDOficial
Instagram: https://www.instagram.com/ascdoficial

Comentarios
Publicar un comentario