Altibajos
La semana pasada estaba leyendo un devocional que me gustó mucho, el pasaje bíblico se centraba en la historia de cuando Jesús estaba dormido en el barco en medio de una tormenta, y los discípulos asustados fueron a despertarle: "y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? (Marcos 4:38)".
Realmente meditaba mucho en este pasaje bíblico la semana pasada (puedes leerla completa en Marcos 4:35-41), pensaba en las tormentas que a veces podemos atravesar, donde nos sentimos asustados o intranquilos. Probablemente le hacemos la misma pregunta a Dios: "¿no tienes cuidado que perecemos?", que si lo traduzco a una frase más actual, tal vez sería: "¿no te das cuenta de que estamos sufriendo o de lo que estamos pasando?".
Algo que he ido aprendiendo a través de la palabra es que Dios no es ajeno a nada de lo que sentimos o pasamos, lo conoce todo y está ahí siempre, incluso en nuestros altibajos, en los momentos donde podemos sentirnos solos, ahí está Él con nosotros.
Es tan bello este pasaje con lo que dice a continuación: "Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? (Marcos 4:39-40)". Cuando nos dice "se hizo grande bonanza" se refiere a que el viento y las olas se calmaron por completo (la "bonanza" es una calma total, paz en el mar, justo después de una tormenta violenta). Muchas de las veces así me imagino mis tormentas: hay un caos, pero después de orar, Dios genera una gran calma y paz en mi corazón y mente.
Y después Jesús les dice: "¿Por qué estáis así amedrentados?". (Amedrentados significa que estaban llenos de miedo, aterrorizados). "¿Cómo no tenéis fe?" Jesús les señala su falta de fe. Fue como si les dijera: "¿Por qué dudan si estoy con ustedes? ¿No confían aún en mí, después de todo lo que han visto?".
Me siento tan identificada porque muchas veces, si no es que la mayoría de las veces, somos esos discípulos, alterados en la tormenta o en los altibajos que podemos enfrentar. Jesús estaba tan tranquilo durmiendo porque sabía que el Padre tenía cuidado de ellos. Y no estoy diciendo que la solución a los problemas sea dormir, me refiero a que incluso en esos momentos recordemos que Dios está con nosotros. Mantengámonos firmes en nuestra fe, confiando en que el Señor, en su tiempo perfecto, le dirá a esa tormenta: "Calla, enmudece", y después habrá una gran bonanza.
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